Diseñar una tipografía con ketchup

En diseño gráfico, muchas veces caemos en lo cómodo: el ordenador, el ratón, las tipografías que ya existen y los procesos que ya dominamos. Pero algunas de las ideas más interesantes nacen justo cuando hacemos lo contrario: cuando nos salimos de la zona de confort.
Hace poco quise probar algo diferente: crear una tipografía usando ketchup. Sí, ketchup.
Un material cotidiano, imperfecto y totalmente imprevisible.
Más allá de lo curioso del resultado, el proceso tiene mucho detrás. No se trata solo de experimentar, sino de entender cómo nacen las formas, cómo se construyen las letras y cómo la creatividad aparece cuando cambiamos las reglas del juego.
El proceso: de una salsa a una tipografía digital
Crear una tipografía puede parecer algo muy técnico, pero muchas veces empieza de una forma muy analógica y experimental.
Este fue el proceso que seguí.
Que mi diseño sea la imagen de este encuentro ha sido un honor enorme y una oportunidad de visibilizar el trabajo de diseño gráfico en eventos culturales con impacto local.
1. Dibujar las letras con ketchup
El primer paso fue el más divertido: usar un bote de ketchup como herramienta de dibujo.
En una superficie blanca fui creando las letras una a una. El ketchup genera trazos orgánicos, con diferentes grosores, irregularidades y texturas. Eso hace que cada letra tenga una personalidad muy marcada.
Aquí no hay control perfecto. Y precisamente eso es lo interesante.
2. Fotografiar las letras
Una vez hechas las letras, el siguiente paso fue fotografiarlas para poder llevarlas al entorno digital.
La fotografía permite capturar la forma real del trazo, con todas sus imperfecciones. Esas irregularidades son lo que hace que la tipografía tenga carácter.
3. Vectorizar en Illustrator
Después llevé las imágenes a Illustrator.
Ahí el objetivo es vectorizar las formas, es decir, convertir esas letras hechas con ketchup en vectores. Esto permite limpiar los contornos, ajustar proporciones y preparar cada letra para que pueda funcionar como tipografía.
En este punto el diseño empieza a pasar de algo experimental a algo funcional.
4. Crear la tipografía con Calligraphr
Cuando las letras están listas, el siguiente paso es usar una herramienta como Calligraphr, que permite convertir esos caracteres en una tipografía real.
Se importan las letras, se ajusta el espaciado y el programa genera un archivo de fuente.
5. Instalar la tipografía
Una vez generado el archivo, solo queda instalar la tipografía en el ordenador.
Y listo: lo que empezó siendo un experimento con ketchup se convierte en una tipografía que puedes usar en cualquier diseño.
¿Por qué hacer algo así?
Puede parecer simplemente un experimento divertido, pero en realidad este tipo de ejercicios tienen mucho valor creativo.
1. Romper la rutina creativa
Cuando siempre trabajamos de la misma manera, nuestro cerebro empieza a repetir patrones. Cambiar la herramienta —en este caso, usar ketchup— obliga a pensar diferente.
2. Encontrar formas nuevas
Los materiales físicos generan imperfecciones que serían difíciles de crear digitalmente. Esas imperfecciones pueden convertirse en un estilo único.
3. Entender mejor cómo funcionan las letras
Crear una tipografía desde cero te obliga a pensar en:
proporciones
coherencia entre letras
peso visual
ritmo tipográfico
Es una forma increíble de aprender diseño tipográfico.
4. Recordar que el diseño también es juego
El diseño no siempre tiene que empezar en un programa. A veces empieza con experimentar, probar y ensuciarse un poco las manos.
Y muchas veces, de esos experimentos salen ideas que después se convierten en proyectos reales.
La creatividad está fuera de la zona de confort
Este tipo de experimentos son un recordatorio de algo importante: la creatividad aparece cuando cambiamos el proceso.
Un material inesperado, una herramienta distinta o una forma diferente de trabajar puede abrir caminos que normalmente no exploraríamos.
Porque al final, el diseño no es solo ejecutar ideas.
Es descubrirlas.